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Niños heridos sin ser tocados

Hoy deseo escribir sobre un flagelo que vulnera la posibilidad de tener, cada vez más, niños sanos, que aun cuando su cuerpo no es tocado por mano alguna, si lo es su mente, lo cual repercute en sus emociones y estas en sus acciones.

Un fustigo que sabotea la oportunidad de vivir felices a esos intrépidos pero dependientes seres como son los niños y contribuye a que estos crezcan, muchas veces, con una especie de cáncer emocional que les incapacita a brindar bienestar a otros, y que contribuye con su propio desaliento y malestar.



Lo más temible es que ésta degeneración se inicia en nuestros hogares, con nuestras palabras y acciones y hoy por hoy es tan cruelmente aceptada que se extiende en nuestras sociedades y funge como un volcán en erosión –que destruirá lo que consiga a su paso-, además, cuyas secuelas están lejos de ser invisibles y que se verán reflejadas igualmente en adolescentes y adultos. Ese monstruo a combatir es: EL ABUSO PSICOLÓGICO.



El abuso psicológico o emocional es toda aquella acción o palabra que va en detrimento de la autoestima de un ser humano. Este implica conductas y palabras que pretenden EL CONTROL de quien se abusa pero sin llegar a tocar su cuerpo. Sin embargo, vale la pena aclarar que ésta clasificación de abuso psicológico o emocional vs físico, sexual o económico, no es fácil, ya que todos estos últimos también atentan contra la estima del individuo, pero la distinción es solo para fines de delimitar y definir conceptos.



El maltrato emocional lo conseguimos con frecuencia en nuestro diario vivir y la ignorancia de cómo afrontarlo permite al abusador escalar niveles que van de acuerdo con el permiso que le otorga la persona abusada, o que cree poseer por tener a su cargo gente indefensa como niños y ancianos.


Existen varios mitos en relación al maltrato, pero uno de los mas inhumanos es sin duda el que se alberga en muchas mujeres (y hombres) de nuestras sociedad, quienes aseguran que “mientras no me ponga un dedo encima no creo que estoy siendo maltratada” o “mis hijos nunca han sido abusados, yo no les golpeo ni dejo que nadie lo haga”, pero esos niños han visto a sus padres gritarse y gritarles, han sido amenazados, han vivenciado el miedo impuesto por sus cuidadores, han sido testigos de la perdida del control de la ira por figuras de autoridad que le circundan, en fin...

¿Aún así cabe decir que esos niños no han sido maltratados? ¿Qué pasa entonces con esos gritos, ofensas, manipulaciones con el afecto, apodos denigrantes, comparaciones deshonrosas, y abuso de poder en el que muchas veces incurres? ¿Cómo se puede llamar a las amenazas, restricciones injustas, al hecho de maltratar una mascota o a tirar objetos estando niños presentes en/o alrededor del episodio de desenfreno de tu ira o la de otro(s) adulto(s) involucrado(s)?



Es hora de reflexionar sobre el abuso psicológico vs la disciplina diaria, porque he visto y he escuchado tantas historias absurdas como estos mitos expuestos, que no son mas que situaciones infrahumanas que obedecen a una ignorancia en la conducción óptima como figuras de autoridad, que dista mucho de dar una imagen madura y cauta a esos pequeñines que en un futuro, nada lejano, estarán emulándolos y tratando a su entorno, y a nosotros mismos, como les hemos enseñado con nuestro ejemplo.


He escuchado a una madre dudar si cuando su marido estrangula hasta la muerte a la mascota de sus hijos, frente a estos, sea o no abuso psicológico; o a un hombre decir que gracias a los encierros interminables que su padre le propiciaba cuando era niño, éste es hoy por hoy un “adulto de bien”. ¿Y qué pasa con los miedos nocturnos que padecieron en la infancia y que ahora los “transportan” a una fobia a los gatos, aviones, etc.? ¿Qué sucede con ese desenfreno que ahora, en si mismo, percibe como “normal”? ¿De dónde viene esa baja estima y temor a formar una pareja estable y a tener hijos?


El abuso, sea del tipo que sea, deja secuelas debido a que éste, como se ha mencionado, tiene como diana la autoestima de ese ser abusado, dejándole cada vez mas vulnerable, mas indefenso, aún cuando la verdad es que podría desarrollar herramientas internas que le permitan disfrutar de una vida mejor, y es este poder al que el maltratador le teme.

Es conveniente que te tomes un momento para reflexionar sobre tus propias actitudes con los niños –propios y ajenos-, porque es el primer paso para decidir e introducir cambios que afecten positivamente tu situación o la de esos –con los que posiblemente hasta ahora te has hecho de la vista gorda-.


Por último, recuerda que EL ABUSO EMOCIONAL ES UN DELITO y no es solo por parte de quien lo administra, sino también por quien es cómplice y por quien expone a seres a su cargo a situaciones de este tipo.

Antes de ser mamá no le prestaba mucha atención al impacto que podía tener una simple palabra en la vida de un niño. Pero desde que aprendí a ver la vida con otros ojos, me di cuenta que hasta el más mínimo comentario influye y mucho. No sólo se maltrata con golpes, las palabras pueden herir aún más, sobretodo en el mundo de un niño.”
Sobre este tema encontré un artículo de Dulce Salas Pereira que vale la pena leerlo. Que lo disfruten... Creciendo con Amor

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